Lo de Bruce Springsteen conmigo viene de largo (suena muy bien, pero que más quisiera yo), desde los 14 años o así, gracias al buen gusto musical de los hermanos de la que entonces era mi mejor amiga. En esa época, aún tenías que deletrear el apellido “Springsteen” para que lo entendieran, mola fardar de esto, pero es que es real: soy una springsteenmaníaca muy precoz.
De nuevo, es difícil elegir una o dos canciones favoritas pero me quedo con un disco, el de “Born to Run” y puede que con una canción : Thunder Road.
Qué bien escribe Bruce de esa sensación de derrota dulce. Porque aunque muchas veces es una derrota, te está diciendo que la vida real, la que pisas todos los días, es bastante buena sólo por el simple hecho de ser vida y porque casi siempre suele haber alguien al lado que te guiña y te sonríe con la complicidad del que sabe que él también ha dejado muchos sueños por el camino pero que ahora está aquí y hace viento y un poco de frío y mola sentirlo y que se te ponga la piel de gallina e incluso que ese mismo viento te vuele los papeles y ya no puedas volver a recuperarlos. Bruce te canta que no existen héroes, que no hay amigos ni amores perfectos, tampoco lugares siempre emocionantes pero sí personas que te pueden querer tal y como eres y ciudades duras pero reales donde ir pasando los días sin más.
Esto es lo que me transmite esta canción y otras muchas de él y aunque yo soy una soñadora irremediable, me gusta que me venga un tipo como este y me diga con esa voz ronca y maravillosa que la vida normal, está bastante bien.
Así que vamos a bajar la ventanilla del coche, dejar que el viento sople en nuestro pelo y poner los pies en la cruda, polvorienta pero dulce derrota que es la vida real.
